Niños con TARTAMUDEZ: detectarla precozmente entre los 2 y 6 años

09/06/2019 El 1% de la población mundial es tartamuda. Sufren una alteración que aparece en la infancia: un 5 % de los niños de entre 2 y 5 años presenta tartamudez en algún momento, pero el 80 % remite espontáneamente, mientras que el otro 20 % continúa, pudiendo prolongarse y agravarse durante la vida adulta.

Investigaciones recientes en las áreas de la genética, neuroimagen y coordinación motora están demostrando que la tartamudez está causada por un problema de integración de los circuitos neurológicos, y no es originada por componentes externos ni psicológicos. Sin embargo, según la Fundación Española de la Tartamudez, no todos los pediatras derivan al especialista a los niños que, en consulta, presentan algún tipo de alteración en el habla. Esto dificulta que muchos pequeños puedan beneficiarse de un diagnóstico y atención precoces por parte de logopedas, neuropediatras, etc. Esta fundación recalca que el mejor momento para la intervención siempre será cuanto antes, ya que resulta mucho más eficaz el tratamiento cuando aún no han aparecido conductas secundarias como muletillas, fuerza, evitación, circunloquios o ansiedad. Estas representan además la manifestación del sufrimiento por parte del niño, algo que se debe evitar a toda costa.

 

Detección precoz
La detección precoz de la tartamudez en consulta resulta exitosa si se realiza entre los 2 y los 6 años de edad. En la Guía de Orientación a Padres se alerta de la demora en el diagnostico: “Es muy importante realizar una consulta preventiva con un terapeuta del lenguaje especializado. Lo peor que podemos hacer es “esperar”, ya que cuanto más cerca del inicio del síntoma se intervenga, mejor será el resultado. El diagnóstico es de suma importancia”. Actualmente, existen métodos de diagnóstico modernos que permiten diferenciar los errores normales de la fluidez, de las expresiones indicadoras del inicio de una tartamudez; a partir del diagnóstico se pueden establecer distintos tipos de tratamiento y/o de intervención: si es necesario intervenir directamente con el niño (intervención directa) o hacerlo a través de sus padres (intervención indirecta), forma que, habitualmente se utiliza en niños pequeños.